Tiempos raros o malos tiempos

El otro día escuchaba un corte de una entrevista que le hacía la Sexta a Calamaro. En ella comentaba como existía una nueva “izquierda estética”, en la que existían muchísimas corrientes, como por ejemplo la de ir en contra del queso, porque hay que proteger a las cabras de ser estresadas. La verdad que me dio que pensar…

Releyendo cosas que escribí hace años, recuerdé como me abochornaba el pasotismo de la sociedad española. Era algo considerado “cultural”. Todo pasaba: corrupción, terrorismo, paro, drogas, violencia, injusticias sociales de todo tipo… y nada provocaba enfado ni lucha alguna. Se decía que la sociedad estaba “anestesiada”. No habían grandes mobilizaciones. Había indignación, pero se pasaba rápido porque “todos son unos ladrones y a otra cosa”. Recuerdo esa mítica canción de ska-p:

Y aquí no pasa nada, nos comemos la tostada, ni siquiera te levantas del sofá.
Vaya decepción en la manifestación, solamente han ido los antidisturbios.

Y bueno. Al final, sí acabaron pasando cosas… La gente salió a la calle: la guerra de Irak primero, el 15m después, aparecieron nuevos partidos, la gente empezó a ser consciente de la manipulación informativa, de los poderes fácticos… la indignación pasaba a la acción. Ahora, vemos con cierto orgullo que algo ha cambiado: un Gobierno corrupto ha caído, vemos entrar a la cárcel a muchos políticos corruptos, incluso al yerno del Rey. Cosas impensables hace apenas una década.

Lo que ahora me pregunto es, si en todo ese proceso de “cobrar conciencia”, no nos hemos pasado de frenada. Hemos dejado la inacción y los políticos corruptos pero moderados para dejar pasar a la hiperventilación, la hipersensibilidad, la sobreactuación y los políticos incendiarios. Radicalidad y odio a mansalva. Exageración y medias verdades por doquier.

“Cuánto peor, mejor.” Que diría el ex-Presidente censurado. Hay que admitir que ahí estuvo fino…

Tenemos posturas cada vez más radicales. No aceptamos que el otro piense diferente. Sólo queremos “derrotarle” con un buen “zasca” en Twitter. La reacción instantánea. El aplauso fácil.

Adoramos al que es capaz de ridiculizar con más gracia, diga lo que diga. Hemos convertido a la sociedad en un hilo de Forocoches. La gente no escucha, sólo “trolea” o insulta. Cualquier postura intermedia es censurada al instante. No existe la duda, sólo las certezas absolutas, inamovibles.

Y, lamentablemente, parece ser algo global. El auge de posturas que parecían afortunadamente olvidadas, como que políticos hablen abiertamente de xenofobia o odio racial, aparecen de nuevo. Y sorprendentemente la gente las aplaude, las impulsa y enpodera. Les dan alas y les votan. Lo podemos ver fuera con Trump y Bolsonaro y lo podemos ver aquí con Santiago Abascal, Casado, Rivera o Torra (vale, a éste nadie lo ha votado). Todos rascando votos del odio.

¿Qué nos ha pasado? ¿Puede ser que las redes sociales hayan provocado ésto? ¿Los medios?

¿Que hay de la moderación? ¿Del pensamiento reflexivo? ¿Del dudar? ¿De la empatía? ¿Del simple respeto? ¿De negociar? ¿De llegar a acuerdos? ¿De buscar el consenso?

Algunos psicólogos/antropólogos deben estar disfrutando viendo todo éste disparate. Para muestra un botón o dos.

¿No hemos aprendido nada de la historia?

Tiempos raros o malos tiempos. Ya veremos.

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